¿Quién se queda al perro tras el divorcio? Es una pregunta cada vez más frecuente durante los procesos de separación y divorcio, y extensible, por supuesto, a otros fieles compañeros como son gatos o caballos. 

Hasta ahora, nuestras mascotas han sido causa de innumerables disputas entre parejas durante los procesos de separación, disputas que podrían estar avocadas a su fin debido a la próxima aprobación de un estatuto jurídico para los animales distinto al de los bienes materiales o `cosas’.

Las mascotas han sido causa de innumerables disputas entre parejas en vías de separación, y de ahí la próxima aprobación de un estatuto jurídico para los animales distinto al de los bienes materiales o `cosas

Este cambio de estatuto jurídico se va a hacer realidad a través de la Proposición de Ley de modificación del Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil, sobre el régimen jurídico de los animales. 

¿Cuál ha sido el tratamiento jurídico de nuestras mascotas hasta la actualidad?

El art. 333 del Código Civil asemeja las mascotas a bienes muebles, los dota del estatuto jurídico de “cosas”, los cuales pueden ser objeto de apropiación por los cónyuges, sin tener en cuenta su bienestar o su protección. Sin embargo, nuestro Código Penal diferencia claramente los animales domésticos y las “cosas” cuando se refiere a los daños producidos a los mismos.

No obstante, es el tratamiento establecido por el Código Civil respecto a nuestros animales de compañía el seguido hasta ahora durante los procesos de separación o divorcio. 

Hasta la actualidad, durante un procedimiento de divorcio, lo más idóneo ha sido realizar un pacto de mutuo acuerdo, incluso dentro del mismo convenio regulador del divorcio, con lo que respecta a la custodia y visitas de los animales de compañía, para así evitar llegar a los juzgados. Sin embargo, no siempre es posible llegar a consenso entre las partes, es en estos casos cuando llega el verdadero problema. Si no había sido posible llegar a un acuerdo satisfactorio entre las partes, es el Juez el que habría de imponer una solución a las relaciones futuras de aquellas, por lo que quedaría supeditado el futuro de nuestro amigo fiel a la buena voluntad de la autoridad judicial. Esto es porque algunos magistrados entienden que los animales son seres vivos que pueden ser susceptibles del régimen de custodia, pero otras autoridades judiciales los consideran cosas muebles y, por ende, no le es aplicable el régimen referenciado.

A pesar de lo establecido hasta el momento por nuestro Ordenamiento Jurídico, es evidente que los animales no tienen la misma naturaleza de las cosas o bienes muebles, por lo que la reforma resulta pertinente. Ésta tiene fundamento en el cumplimiento del Protocolo sobre protección de animales del anexo del Tratado Constitutivo de la Unión Europea de 1997,  que exige a los estados miembros de la Unión europea el respeto de las exigencias referentes al bienestar de los animales, considerándolos como seres sensibles.

¿Qué ocurrirá tras la eminente reforma en este sentido?

Los animales serán considerados seres vivos dotados de sensibilidad y su destino será determinado teniendo en cuenta el interés de los miembros de la familia y el bienestar del animal.

Entre otros preceptos objeto de reforma, el nuevo artículo 94 bis del Código Civil propuesto, establecerá, tras la aprobación de la Proposición de Ley; que, el magistrado confiará el cuidado de los animales de compañía a uno o ambos cónyuges y determinará un régimen de compañía para el cónyuge al que no le haya confiado el cuidado del animal, teniendo en cuenta el interés de los miembros de la familia y el bienestar del animal, con independencia de quién ostente la titularidad de este. Asimismo, esta nueva situación de compañía habrá de constar en el registro de identificación de animales. Por supuesto, todo lo establecido a este respecto podría ser modificado cuando las circunstancias se alterasen sustancialmente.

Esta reforma, sin embargo, no implica que en determinados aspectos se aplique supletoriamente a los animales el régimen de bienes muebles, sólo en la medida en que sea compatible con su naturaleza.

De otro lado, la reforma prohibirá el pacto de extensión de la hipoteca a los animales de compañía y declarará absolutamente inembargables a los animales de compañía en atención al especial vínculo de afecto que liga a los animales de compañía con la familia con la que conviven. Esta previsión regirá sin perjuicio de la posibilidad de embargar las rentas que dichos animales puedan generar.

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Entonces ¿Quién se queda al perro tras el divorcio?

Con este cambio se pretende que nuestros fieles amigos tengan la “cualidad de ser dotados de sensibilidad, de modo que los derechos y facultades que se posean sobre los animales han de ser ejercitados atendiendo al bienestar y la protección del animal, evitando el maltrato, el abandono y la provocación de una muerte cruel o innecesaria” como establece la Proposición de Ley.

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